
Soy crónica de largo aliento, narrativa por elección y por convencimiento. Busco contar cuentos, dar giros, anudar cabos sueltos, cerrar historias, plantear argumentos.
Soy mujer de novelas, de sagas y distancias, de páginas y páginas, de capítulos varios. Soy verbo imaginado, sustantivo preciso, adjetivo entregado; anécdota y escena; personaje y punto climático.
Soy letra erótica de puntuación intensa, alejada de romances estilísticos y versos enamorados. Soy carne viva de agitación y sentimiento, con un presente y un pasado, con un contexto bien ilustrado y un significado claro.
Soy todo menos poesía, tan breve, tan críptica, tan escurridiza. Mi idioma no entiende de tantas metáforas y alegorías, sin los argumentos propios de la narrativa.
Me gustaría saber apreciar las gracias del verso, la elegancia de la rima, lo exquisito sin contexto, pero no tengo la clase o el sustento. ¿O es que las aliteraciones de tu conducta poema, han cansado a mi oído de prosa periodiquera?
Por eso, como nota de diaria, cual efervescente relato, busco la conclusión a esta unión antinatura que habíamos comenzado. Porque, aunque mi historia de puesto, cruda y directa como la sangre y el sexo, con todo mi cuerpo te deseaba en carne y verso, ya me he dado cuenta de que no podré aprehender tu lengua métrica en mi piel de historias callejeras y que no llegará el momento de cerrar el relato que en mi cabeza he abierto, pues tu poesía no ha dejado cabos sueltos.