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5/30/2011

De ánimo japonés o en busca del zen perdido


Adiós en primavera
Lágrimas lila
anuncian tu partida
de jacaranda.





Para Rojo y sus congéneres
Felpudo móvil
veloz mueve la cola:
amor canino.



TÚ
La enredadera,
escudo de mis muros,
diurna me abraza.





Señales del estío
Lluvia diamante
con el rayo de la tarde
acaricia la tierra.



Melancólica
En el invierno
se nos cuela la luna
por la mirada.

2/15/2011

Destino



Bonita, ¿te leo la mano? Anda, anímate, repitió la anciana mientras me quitaba los audífonos. ¿Perdón?, dije despistada. Déjame leer tu destino, contestó ella mientras me sujetaba el brazo. Me zafé de su agarre y seguí mi camino.

¿Cómo podría leer mi destino? Tendría que estar escrito y estaba segura de que lo iba escribiendo yo con cada paso.

Subí los decibeles a los Buzzcocks y caminé por Tlalpan hasta Xola. En un garage me detuvo una mujer baja, de unos 70 años. Me quité los audífonos y le pregunté que qué me estaba diciendo. Sólo atiné a entender “destino” entre las palabras masticadas por su dentadura postiza. ¿Qué?, le dije. No tiene importancia, contestó con vigor, ya no tiene importancia, es demasiado tarde.

Seguí de largo y cuando iba a entrar a la estación de metro me empujó otra mujer. Levanté la cara, con ojos de navaja por la molestia, con ganas de cortarla de una mirada y entonces vi que ella era yo. Su cuerpo todavía me envolvía y tras un instante de total estupefacción, sentí un filo que salía de su chamarra, penetrándome justo en la boca del estómago. Me abrazó mientras caía. Era ella la de los ojos de navaja, era ella la que me cortaba con su mirada.

El dolor me embargó un segundo, después vino el miedo. No me tembló la mano para lastimarme a mí misma, ¿qué me había pasado? Me dejó en el piso y siguió su camino, sin compasión alguna, con los audífonos puestos, ensordeciéndose con los Buzzcocks como lo había hecho yo hacía solo un momento.

11/15/2010

El zoológico porno**



Jojo el león, bofo y viejo, gruñe sólo si ve un tentempié; Oz, el cocodrilo, sólo se mueve con el olor del músculo fresco, el perfume de los niños pequeños que lo ven en el cemento en el que reside; Rigo, el rinoceronte, ve con desinterés el movimiento de los hombres: el sol en el cielo y todo sereno, otro tiempo monótono en el zoológico.

Pero de noche es distinto. En el momento en el que viene Silvio, el dirigente felino del grupo de Insurgentes, todo se convierte: los pobres domicilios de hierro se vuelven sets de cine porno y los vecinos se reúnen y cogen con todo, por unos dedos, un pie o un exquisito ojo de delincuente, poli o infeliz civil, dependiendo de los muertos que se reporten en el sector.

El ofrecimiento de Silvio, desde el principio, fue sencillo: sexo violento en video por miembros frescos, recién recogidos del sitio del crimen.

Y desde ese remoto tiempo, los devotos bichos, golosos por los trozos de hombre que el jefe felino les presentó, se rindieron noche con noche y tuvieron sexo sucio en los videos del exitoso género que Silvio definió como homo porno feroz.

“Los filmes se venden bien en Tepito y si el zoológico requiere de un surtido superior de nutrientes, es un buen negocio”, dijo en ese entonces el felino.

Por un pene fresco, el cerdo Felipe se coge cruelmente con el tigre Milo; por un trozo de vientre, Oz finge potente eyección dentro de Rigo; y el rey Jojo se entretiene con su mediocre pito, por un ojo, un dedo o un pie: todo por querer enloquecidos su porción del exterminio.

Bien dice Silvio, no es ilícito un truque de este tipo, ellos cubren un deseo, los bichos cumplen con lo que les es pedido.

**Descubra las características del ejercicio ;).

11/05/2010

8760 horas

50 botellas de vino
65 libros
2 electrodomésticos
3 obritas de teatro
Eternidades frente a la ventana.

300 cajetillas de cigarros
4 cómplices de cama
10 mil kilómetros
5 plantas nuevas
Incontables horas de televisión.

1 soleada tarde de motel
27 fracasos
1 taxista tartamudo
2 distanciamientos
Silencios eternos.

7 cuentos
310 manzanas
10 nuevos amigos
1 tatuaje
Chingos de momentos incómodos.

8 éxitos
6 conciertos
1 exhibicionista
40 películas
Infinitos mates.

3 pares de zapatos
1 amor platónico
8 destinos
10 437 tuits
Sinnúmero de texturas.

65 besos
14 nuevas obsesiones musicales
4 plantas muertas
11 cajas de tinte
Desmedidas dosis de estrés.

4 poemas
3 libretas
52 descubrimientos
1 mundial
Estados interminables.

3 ilusiones perdidas
56 posts
2 tallas
1 reencuentro
Extensas caminatas.

4 guiones
7 pesadillas
1 computadora
31 paletas payaso
Incontables peleas.

11 400 mails
25 fiestas
93 intentos
1 año de hablar conmigo misma
Inexplicablemente entera.

10/12/2010

Ventanas


(Robert Delaunay)

Jugaba a deshacer conjuros
se perdía
veía volar ballenas
nubes ola
sentía un viento de hadas
imbuirla
en elástico otoño de mariposas amarillas.

7/31/2010

Si cierro los ojos




Hoy me di cuenta de que tengo superpoderes. Sin importar dónde esté, si cierro los ojos y escucho esa canción revivo eso que sentí alguna vez, idéntico, intacto y, por esos cuatro minutos y algo, te amo de nuevo.

Sé que si cierro los ojos y los aprieto un poco me puedo teletransportar, alargar el tiempo, viajar en él y visitar cualquier dimensión que yo desee. Con tan sólo cerrarlos puedo ser yo y puedo ser otra; puedo ser tuya, suya, o de alguien más; puedo revivir esa tarde de parques y motel, habitar esa escena en el metro, repetirla, cambiar sus personajes, su estructura...

Si cierro los ojos y presto atención a esa burbuja en mi pecho puedo ir a donde quiera, puedo brincar al futuro y encontrarme vieja; puedo volver a ese estacionamiento tan usado;imaginarme con él o pensarme con un extraño.

Por si esto fuera poco, he adquirido la habilidad de predecir mi futuro inmediato y, a veces, si cierro los ojos y me quedo callando, puedo incluso prever las palabras que habrán de ser nombradas, los gestos, las idas y las vueltas.

Pero lo mejor de mis superpoderes es que, cierre o no los ojos, en este momento se siente genial ser yo.

7/27/2010

Pequeñas eternidades**


Siento que estamos del otro lado del tiempo, en una dimensión en la que las horas ya no pasan. Aquí tú y yo somos dioses y creamos mundos por medio de palabras.

Estamos suspendidos en un instante eterno, en donde el tiempo es más largo y los segundos tan elásticos que pueden durar semanas. Flotamos en este sitio donde, como en Luvina, nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupa cómo van amontonándose los años.

En esta eternidad progenitora, tiempo cuasi mítico que se estira y expande, nuestra imaginación es la única creadora. Tú y yo estamos hablando y es lo único que existe, lo único que importa. Aquí los días comienzan y se acaban, pasan y pasan, sin moverse demasiado: alargan el tiempo, lo hacen plano.

Enunciamos creando una pequeña eternidad, un instante sin fin, que recordaremos una vez que, como siempre acontece, el amor se haya acabado y ya no deseemos nuestros cuerpos ni entendamos qué extraño magnetismo nos hizo reunirnos.

En este tiempo largo y suave, nos creamos el uno al otro, nos recreamos en mutuos ojos, somos, por ese breve espacio, quienes queremos ser y no quienes realmente somos. En esta eternidad creadora, en este impasse entre la nada y el inicio de todo, tus semanas de silencio saben a horas; mas cuando hablas la impaciencia del mundo me ataca, los segundos cotidianos me poseen, y deseo con cada centímetro de piel, que no calles, que sigas, hasta que al fin mi cuerpo se reconozca tuyo…

Pero sé que en cuanto esto pase, en cuanto el silencio no exista, el tiempo retomará su cauce, perderá su longitud y pausado fluir, para recobrar sus capacidades mecanizadas y así dictará, poco a poco, el fin de nuestra historia que aún no comienza.

La eternidad se escuchará lejana; el reloj persecutorio, nos devorará un poco en cada paso; seremos juguetes de su inevitabilidad y sólo tendremos la memoria como prueba de lo pasado. En nuestros recuerdos quedarán esos siglos de tiempos para inventar mares y cielos; esos instantes míticos en los que fuimos dioses de palabra e imaginación, esos segundos eternos en los que excitados nos creamos el uno al otro pensando que en esta ocasión no sería efímero y que viviríamos este pensarnos e inventarnos hasta el fin de los tiempos humanos.


**En una de mis clases tengo que entregar escritos con base en diferentes palabras cada semana. Éste resultó de "eternidad", que fue la palabra de la semana pasada.

6/08/2010

Para mantenerse en pie...




Macanudo, Liniers...

3/26/2010

En busca de La Pasiva perdida**




Uruguay: futbol, mate, candombe, chivitos y, para mí, panchos. Desde la primera vez que viene a Montevideo a ver a mi familia, hace 25 años, tengo el fijo recuerdo de que parte de lo que definía al país de mis padres era un lugar que siempre visitábamos: La Pasiva.
No se trataba de una cervecería cualquiera, sino de un sitio emblemático que en más de un sentido hablaba de “lo uruguayo”. Sin importar el local del que se tratara –pues ahora existe hasta una sucursal en España– era visita obligada para los uruguayos que vivían en el exterior cada vez que regresaban a la patria y, desde luego, para los locales que siempre la daban como referencia de los mejores panchos de la ciudad. Se limpiaban las mesas tirando todo al piso (puchos de cigarro, servilletas, comida), los mozos eran “hostiles”, los panchos sublimes y la mostaza un regalo gastronómico sin igual y el secreto mejor guardado del Uruguay.
Nadie recuerda hace cuánto abrió la cervecería, sólo que en el año de 1960 era un bolichito con unas cuatro mesas de mármol con sillas de madera adentro y otras tantas afuera, en los arcos del lado derecho de la Plaza Independencia, viniendo desde 18 de julio. El local, se presume, es lo que hoy se conoce como el PlazaBar.com, y ofrecía, únicamente, cerveza y panchos, muy a la manera alemana, nada que ver con el menú con el que cuentan hoy en día en el que hay chivitos, minutas y hasta variedad de ensaladas.
En esta última visita, tras recibir muchas malas reseñas, no lograba encontrar lo que mis recuerdos, pensé, habían idealizado. Ya no se limpian las mesas tirando todo al piso (damos gracias por eso); los panchos me parecieron más bien malos, de pan duro y frío; los mozos, aburridos y especialmente silenciosos; y la mostaza… (vaya, no entendí por qué mi madre hacía tanto esfuerzo en robarla, si más bien no sabía a nada).
En busca de los panchos de mis recuerdos recorrí tres Pasivas antes de hallar lo que, para mí, en cierta medida, definía, sino al Uruguay, al menos a Montevideo. En la sucursal de la peatonal Sarandí, en la Ciudad Vieja, me reencontré con esos legendarios panchos de salchicha sabrosa, pan chicloso y mostaza con ligero picor. Ahí entre mozos de cabellos grises o cabezas calvas, con “malos modos” y gran velocidad en los pedidos; entre los gritos de las órdenes, con sabor a Canario Luna, y las Pilsen corriendo en la barra, me reencontré con eso que tanto hablaba y sigue hablando de este pequeño país del Sur.
La Pasiva, en general, ya no es lo que era, pero existen locales que conservan el sabor tan clásico y legendario de un boliche de cuarta en el que lo gourmet no importa, sino lo sabroso, en el que parte del encanto es que los mozos griten y te traten como igual o, incluso, como inferior; un lugar que habla de una forma de ser, de un país de cosas sencillas, directas y, en cierta medida, igualitarias.

**Esto fue pa mi curso ;)

3/19/2010

Mis recuerdos de Montevideo




Hace 18 años yo vivía en Uruguay. Montevideo, la ciudad; Plácido Ellauri, la calle. Ayer caminé hasta esa casa en la que pasé un año de mi vida. Ha estado muy cerca todo este tiempo, pero la verdad que no me había animado a ir a verla.

Mis recuerdos montevideanos me provocan sentimientos encontrados, bien dicen los Rolling, "Mixed Emotions"... Tenía que llorar muchas cosas que perdí y entender muchas cosas que viví antes de animarme a enfrentarlos.

No sabía el número, no lo recordaba, pero pensé que cuando la viera sabría qué casa era. Han pasado 18 años y está algo cambiada, me costó reconocerla, pero... No es para nada como la recordaba, de entrada, según yo, tenía el doble de tamaño.

La puerta del garage, la de madera (porque la reja es una adquisición de los inquilinos posteriores), la recuerdo inmensa; y la ventana, que se observa junto a la terracita, era la que correspondía a mi habitación, mi entrada al mundo, según yo.

En esa época me encantaba el disco de Juan Luis Guerra y su 4.40 que traía la de "Burbujas de Amor". Ésa no era mi canción favorita, a mí me gustaban "Como abeja al panal", "Carta de Amor" y "La Bilirrubina". En ese cuarto, las mañanas de los sábados jugaba a que era una mesera y me tocaba abrir el restaurante. Entonces "dejaba entrar el sol" (concepto infantil y cursi, pero que me sigue gustando) por ventana, ponía a Juan Luis Guerra y empezaba a cantar y "limpiar" de lo más campechana.

Ahora que lo escribí me dio un poco de pena... jajaja, pero era una niña, ustedes comprenderán. Bueno, ése es mi recuerdo más nítido de esa casa, después conservo otro, de cuando murió Freddy Mercury o cuando le hicieron uno de los primeros homenajes.

Mi madre, mi hermano y yo estábamos en la cocina cenando y viendo el show en la televisión (todos erámos refans del Mercury). Y debo decirles que mi recuerdo es como de una miniatura de personita sentada en una silla gigantesca que estaba enmedio de un inmenso salón. Básicamente, aunque no estaba tan chica, recuerdo que me impresionaba mucho el tamaño de esa cocina. El recuerdo del recuerdo, algunos dirían...

Teníamos un perro y una barbacoa. Mi hermano cargaba consigo su enorme colección de latas de cerveza y refresco, mi madre me ponía madreselva en el cuello, para espantar los pijos, antes de ir a la escuela...

En realidad no puedo asegurar la precisión o certeza de estas imágenes; no sé si son del todo verídicas, ni qué tanto se apeguen a lo que de verdad ocurrió, pero son mis recuerdos y me tienen sonriente, con la emoción a flor de piel al verlos tan claramente retados por la realidad, al saber que, al menos, por un instante, puedo volver a jugar a ser quitita, sentirme pequeñita y retar la percepción...

3/01/2010

En Sudamérica los hombres...




(Amigas, no es que las quiera privar, pero ninguna foto se acerca a lo que he visto en la calle... se me derriten los ojos!!!)

... PUFFF, PAU, GUAU!!!!
No sé qué voy a hacer. Voy por la rambla y cualquier hijo de vecino me parece no guapo, GUA-PÍ-SI-MO... Es como si los hombres aquí abajo estuvieran todos hechos lindos... El que es chaparro, está bien formado; el que es güero (que no me gustan güeros) tiene una mirada DI-VI-NA; el que es muy viejo para mí, está bien añejado; el que es muy joven para mí, tiene un futuro/presente demasiado prometedor... Y si me sigo me tengo que salir de la casa a tomar aire porque no aguanto el calor.

A las amigas que piensan: "Y qué mierdas estás esperando???", sólo queda contestar, "no son los únicos". Chica que pasa, se me desvían los ojos de lo guapas... Lindas piernas, linda cara, buen cuerpo... Parece que acá abajo puros buenos genes... Bueno, no...

No seré totalitaria, porque hay tipos también horrorosos, de esos que no estás segura si tienen un problema físico grave (como algún tipo de retraso) o simplemente fueron creados para no inspirar el deseo reproductivo.

Por si esto fuera poco, se la pasan sin camisa... ¿Saben lo que es estar viendo semidioses sin camisa a diario? Es como ir con hambre al supermercado :(.

Sí, los primeros días daba gracias del taco de ojo y ahora la verdad que me angustia demasiado. Porque además qué, ¿qué pasa cuando uno regresa a la realidad? Hay que decirlo, en México tengo más oportunidad que acá y ni así consigo nada (bueno, que me dejen de hablar, que me rechacen, que me digan que no soy su tipo, que me restrieguen otras viejas en la jeta, o peor, polly pockets, o sea, NADA bueno) y si a eso sumamos que cuando regrese voy a tener los estándares súper altos... Mejor voy pensando en lo que se sentirá meterme a un convento o me voy concentrando en los mágicos poderes del nopal... no me decido todavía...

2/26/2010

Sandía feliz




Sí, no he podido desconectarme tanto como quisiera. Sí, me siento libre, pero en realidad estoy encadenada (tengo entregas, tareas, mails que contestar). Sí, no llevo ni una semana fuera, pero estoy que brinco de contenta.

Estoy tan acostumbrada a que la familia se reduce a mis padres y mis hermanos, que tengo algo atrofiado el concepto. Y estos días, sólo días, con los primos, las primas, el tío, las tías, como que ponen mucho las cosas en perspectiva.

Me siento cómoda, más allá, me siento contenta. Y no me siento de marte, para nada de marte, y me encanta, me encanta esto de sentirme cómoda en mi piel; alucinada con lo sencillo; tranquila con lo complejo. Es como si el estrés estuviera en otro lado, en otro hemisferio y por más que cosas pasen, porque pasan sin importar la distancia, yo estoy tranquila. Embrutecida, también, lo acepto, pero estoy, dentro de todo, tranquila.

Tengo muchísimo que escribir y lo escribiré. Tengo mucho que resolver y lo resolveré. Y caminaré por la rambla cuanto sea necesario y tomaré todo el mate que mi sistema aguante porque se siente bien ser yo en otro lado; ser yo y que nadie me mire raro. Es como si, poco a poco, las piezas tomaran lugar en el tablero, y entre ellas se encuentran México y Uruguay, tú, y tú también, y tú que nunca me lees. ¡Y claro, yo! Y se siente tan bien tenerlo claro, porque cómo aclara las cosas la distancia, al menos para mí.

Anoche, el místico sonido del tambor me habló al oído. Me hizo mover tímidamente la cadera, me hizo, simplemente, sentirme inmensamente contenta. Watermelon smile, fresca, grande y completamente natural :D

**Prometo usar la cámara a partir de mañana... upsss

2/08/2010

Tic Tac



Hace unas semanas encontré en el bolsillo de una chamarra que hace mucho no me ponía, una cajita de tic tac.

La neta, nunca he sido muy fan de esas pastillas. Como que no siento que te refresquen el aliento sino todo lo contrario. Te dejan una sensación pastosa bastante desagradable, ¿no? ¿O soy yo?

Bueno, el caso es que las encontré mientras caminaba hacia la tiendita y me metí unas al hocico, en un impulso por seguir las normas fílmicas de la existencia de uno, es decir, en un intento de protagonizar una escena de comercial.

En principio no me resultaron desagradables. Aunque efectivamente no me refrescaron el aliento, como que sí me gustó esa onda de hierbabuena dulce dulce, además de que al fin comprendí el porqué de que no te ayuden a refrescar el aliento: es como las Sabritas, así no puedes comer solo una.

Bueno, fuera del asunto de la cata, lo que más me latió es que cuando iba caminando era como si trajera una maraca en la cadera, ¿no? Buenísimo, ¡caminata con theme music integrada!

Obvio me atasqué las pastillas a las pocas horas, en un impulso por saciar los rezagos de mi etapa oral, pero el sonido, en cierta medida, todavía me acompañaba. Como les pasa a los veteranos de guerra que les da el phantom limb, así clarito escuchaba el paquete cuando caminaba.

Hoy que recorrí mi ruta regular, en el automatismo que sólo puede darte caminar en chinga con la música a todo lo que da, me di cuenta de que el que me acompaña es otro tic tac, el del reloj.

La transición está a punto de terminar. Estoy a nada del final... Tantas cosas, tan poco tiempo y este asunto de que la vida no se detiene.

Es cabrona, la verdad, no para por nada, no hay tratos, no hay circunstancias atenuantes, ni madres. No importa dónde ni cómo estés, la cosa es que sigue y sigue como el maldito conejito duracell (bendito en ocasiones, en otras tantas tan inútil –sí, sí, me proyecto–).

Así que mucho para hacer, poco tiempo, cabeza nula. No le pido a Concentrancia porque es una cabrona, ya vimos... Pero le pido... mmm, le pido... Le pido a Literatura, a los santísimos Reyes Magos, al elocuente Brian Griffin, al más malévolo de todos (Stewie), a Ren, a Stimpy, a Chavela, a Batis, a Kenny, a Cartman, a Morrissey, a Jarvis, a Proust y mis amigos vino, whisky, tequila, que unan sus fuerzas a la manera de los gemelos fantásticos y me den la paz necesaria para dormir y no andarme mareando yo solita; la capacidad para manejar bien mi tiempo; y, lo más importante, la fuerza para mantenerme "bella" en el proceso, jajajajajajajajaja... Gracias, señoras y señores, mal chiste, pero para variar, aunque confundidos y neuróticos, andamos de buenas (clap, clap, clap)!!!

2/07/2010

Cartoonland miusik taim

Esos momentos imborrables que me alegran la vida... Del Happy Happy Joy Joy al The Bird is the Word...

Link: Ren And Stimpy-Happy Happy Joy Joy





2/01/2010

La tartaleta mental


¿Alguna vez les ha pasado que se confunden? Ahora, ¿alguna vez les ha pasado que sienten que su cabeza les pone trampas? ¿Alguna vez se han confundido por un sueño?

Hace muchísimos años, bueno, no tantos, pero cuando estaba en la facultad, yo tenía un novio (tipo lamentable, debo mencionar) y un día ¡chínguele!, que sueño con otro cabrón. Se trataba de un compañerito mío que tenía pinta de hombre misterioso y acabó siendo, como ocurre con muchos "intelectuales" "enigmáticos", un verdadero pelmazo. Pero eso está fuera de punto también, el caso es que soñe con él. En mi sueño no ocurría nada triple X (en ese punto aún era bastante inocente, jeje), sólo nos dimos la mano y después un beso. Pero, ¡qué beso, señoras y señores!

Al día siguiente me sentí culpable. Me sentía mal con mi novio, porque sentía que le había puesto el cuerno, y rarísima con respecto al mencionado compañerito de la escuela. Me ponía nerviosa nada más de pensar que podría aparecerse. Y cuando lo hacía, su presencia venía acompañada por fuertes sonrojes de mi parte, sudor y mucha pena. Nunca pasó nada con el fulano y el novio me despachó unos meses después (no es por eso que pienso que era lamentable, es que lo era, en verdad).

Bueno, la cosa es que en las últimas dos semanas he estado soñando con varias personas. Algunas me han puesto nerviosa, otras enojada, otras conflictuada, pero lo que más, me han confundido brutal.

He tomado decisiones fuertes por estos sueños; fuertes como cerrar ciertas puertas, con varios cerrojos y candados; fuertes como repensar la forma en la que veo a los otros; en fin, fuertes y ya...

Pero hay momentos en los que los sueños, esos raros y confusos, se tornan déjà vu y entonces, mis queridos todos, sí estamos en problemas.

Volvemos a: ¿alguna vez se han sentido confundidos por un sueño? ¿Alguna vez les ha costado diferenciar lo soñado de lo que está pasando? Ahí la cosa no es una omelet, ¿ven? Es una cosa de fino entramado, una tarta de cereza, algo delicado.

Aquí las capas se distinguen a la perfección, pero es inconcebible que existan por separado. El secreto está en diferenciarlas lo suficiente como para no permanecer confundido mucho rato. Claro, eso me lo digo en voz alta y todo el pedo, pero a la hora de la hora, a ver quién es el buenazo que las distingue por completo.

El estado tartaleta es durísimo en más de un sentido. No sólo los hace concentrarnos en lo que quizá no deberíamos de concentrarnos, no sólo nos hace confundir el ser de las cosas (si las cerezas pueden existir de otra forma que no sea con la tarta, que la tarta antes fue masa, que.. etc. etc.), sino que además tiene el poder de dejarte sin habla.

Por más que intentes articular lo que sucede, la tartaleta de lo impide y te llena la boca de migajas que te hacen imposible tener claridad lingüística. Otro problema de la tartaleta es que, a diferencia de la omelet, es un estado más prolongado, en el que se analizan las cosas de cerca, se repiensan, un profundo y temible estado de Pepe Grillo Interior.

If you know what I mean, por fa no sean gachos pasen la receta pa salir de aquí. If you don't know what I mean, la que les espera el día que su cabeza les juegue la pasada de ponerles trampas, estén dormidos o despiertos.

Lo siento, pero sigo pensando que lo mejor es destruir a tu Pepe Grillo Interior, masacrarlo, cortarlos en trocitos, molerlo como carne picada... Porque a mí se me hace que ese hijo de la chingada también es un misoginillo y es él, y sólo él, el que genera el estado tartaleta... Sabe bien lo difícil que es resistirse a analizar tan delicado postre... qué digo a analizar, ¡a acabar con él! Jajajaja

10/29/2009

Aroma transportador...




Tengo muchísimos perfumes. En parte porque me regalan muchos, pero más que nada porque me gustan un chingo.

Cada uno me recuerda a una época muy especial y diferente de mi vida, porque no en cualquier momento empiezo a usar uno nuevo.

El Happy a cuando me salí de casa de mis papás y entré a trabajar. Cada vez que lo huelo me hace sentir joven, emocionada de estar viva, todopoderosa y 16 kilos más delgada (joi, joi).

El Fleur de Cerisier me transporta a cuando volví con Fabián y pasábamos gran parte del tiempo cocinando; hacía mucho calor y era más feliz de lo que nunca hubiera imaginado.

El de mandarina y jazmín me lleva a la última vez que fui a Nueva York, mientras que el Be Delicious Fresh Blossom (qué pedo con DKNY, por qué le ponen un nombre TAN increíblemente largo, le quita lo sexy) me regresa a principios del verano cuando fuimos a Europa.

Hace rato, intentaba ponerme de acuerdo conmigo misma sobre cuál usar ahorita para inspirarme a trabajar (porque más me vale ser hiperproductiva o no terminaré a tiempo, jamás).

Los olí todos, bueno dejé fuera de la lista dos que por su antigüedad podrían darme un virus de nostalgia incurable en las próximas horas (Poême y Anaïs Anaïs –secundaria y primaria, respectivamente–), y quedé confundida entre otros dos: Happy to Be (Montreal, experiencia, seguridad, otoño) y Happy (dicho ya, juventud, ímpetu,independencia, primavera-verano, y, muy importante, 16 kilos menos, jajaja).

Sí, el ganador de hoy es obvio. Los enigmas son otros, relacionados con los perfumes que vienen, con los recuerdos y sentimientos que me harán sentir los actuales, con...

Cada etapa la marco con un nuevo perfume, insisto, no por gusto, porque me regalan muchos, jajaja.

Desde hace una par de semanas estoy usando uno nuevo;me pregunto a dónde me transportará en unos años cuando ya haya pasado por otros tantos y este momento sea sólo un recuerdo.

10/26/2009

5 mujeres de uuuuuutttttssssss

Maaaaal, ¿no? Digo, hermosa y además el Serge le cantaba al oído, joder...



Brigitte Bardot es una diosa, no es necesario decir más... Por Dios, yo digo shooooooot!!!!!



¿Acaso alguien rockea más duro que Deborah Harry? Uff, si tan sólo...



Ufff, April March, LO cool, ¿no? Tooooooda ella... grueeeeso.





O sea, groseramente bonita la pinche Audrey, ¿no? Elegantísima la cabrona... Y una aquí tan malhablada, jajaja.




Nótese el feel retro en la selección... habla de mí, ¿no? Jejeje

10/08/2009

La muerte de un refrigerador




Hoy le dijimos adiós al refrigerador. Llevaba días gimiendo moribundo y nosotros lo ignorábamos esperando dejara el berrinche al ver que no cumpliríamos con sus absurdas demandas. Pero era evidente que moriría y pronto.

Anoche su quejido se volvió más fuerte y nos dimos cuenta de que llevaba horas sin enfriar. Fabián le movió el termostato con la esperanza de que reaccionara y lo dejó descansar en privado, con la puerta de la cocina cerrada.

Hoy desperté a las cinco de la mañana, había olvidado por completo su terrible dolencia y cuando me acerqué a la cocina para hacer café lo escuché. Abrí su puerta y sentí su temperatura. No había caso. La fiebre le había subido muchísimo, el pobre sólo estaba sufriendo... y sufriendo... Tenía que apagarlo. Tenía que desconectarlo de la electricidad, de su miseria.

Cuando Fabián despertó y se lo dije se puso triste. Fuimos a verlo, a abrazarlo, después a llenarlo de hielo para que no se le echara todo a perder dentro, en lo que vemos qué hacer con su cuerpo.

El agua le escurre y con ella los recuerdos, todas esas veces que en los últimos 5 años, desde que me pertenece, abrí su puerta, coloqué un imán, pegué una foto. Lo extrañaremos y, más que eso, sentiremos el pesar en la cuenta de ahorros de la que, con urgencia, tendremos que sacar el dinero para reemplazarlo.

Adiós muy querido, adiós...

9/28/2009

Soy narrativa



Soy crónica de largo aliento, narrativa por elección y por convencimiento. Busco contar cuentos, dar giros, anudar cabos sueltos, cerrar historias, plantear argumentos.

Soy mujer de novelas, de sagas y distancias, de páginas y páginas, de capítulos varios. Soy verbo imaginado, sustantivo preciso, adjetivo entregado; anécdota y escena; personaje y punto climático.

Soy letra erótica de puntuación intensa, alejada de romances estilísticos y versos enamorados. Soy carne viva de agitación y sentimiento, con un presente y un pasado, con un contexto bien ilustrado y un significado claro.

Soy todo menos poesía, tan breve, tan críptica, tan escurridiza. Mi idioma no entiende de tantas metáforas y alegorías, sin los argumentos propios de la narrativa.

Me gustaría saber apreciar las gracias del verso, la elegancia de la rima, lo exquisito sin contexto, pero no tengo la clase o el sustento. ¿O es que las aliteraciones de tu conducta poema, han cansado a mi oído de prosa periodiquera?

Por eso, como nota de diaria, cual efervescente relato, busco la conclusión a esta unión antinatura que habíamos comenzado. Porque, aunque mi historia de puesto, cruda y directa como la sangre y el sexo, con todo mi cuerpo te deseaba en carne y verso, ya me he dado cuenta de que no podré aprehender tu lengua métrica en mi piel de historias callejeras y que no llegará el momento de cerrar el relato que en mi cabeza he abierto, pues tu poesía no ha dejado cabos sueltos.

A ti que todo lo llenas...

La primera vez que nos vimos, yo era otra. Era creyente de chispas y máquinas de escribir parlantes; de poemas de parasoles y aventuras de gigantes. Medía, quizá, poco más de un metro y mi actividad favorita era siempre imaginar que estaba en otro tiempo.

Ya desde entonces sabía, aunque de forma instintiva, que de tu hechizo era imposible salvarse. Me quedó claro, desde el principio, que eras una hechicera poderosa y que tu alquimia no sólo era de temerse, sino de esperarse.

Nuestro primer gran encuentro corrió a cargo de Michael Ende. Aunque nos habíamos visto antes, no fue sino a hasta ese momento que comprendí cabalmente lo que significaba tenerte. Tendría yo ocho años, como mucho, y lograste enamorarme apasionada con las páginas de La historia interminable. Nos tocábamos hasta altas horas de la noche, en las que yo, labios palabra, silenciosamente recitaba cada una de tus frases, mientras me acariciabas suave con tu papel y me dejabas sedienta de un párrafo más, una línea más, una palabra.

De ahí en adelante nunca pude dejarte. Me convertí en una adicta que para todo quería buscarte. Te perseguí por los rincones de la casa, en los altos estantes, en los libreros fraternos, en las ferias, en las calles. Toda letra era una clave de tu paradero y yo no detendría mi ardua búsqueda hasta encontrarte.

Te integré a mí en los poemas de Benedetti, inmóvil al borde del camino, con la página suelta de No te salves en mano; te incorporé amor cuando Sabines supuso mejor; te aprendí soneto con Sor Juana; y quise escribirte voladora cuando Neruda me dijo al oído que para tu libertad bastaban mis alas.


Me hiciste mujer con Vilariño cuando desde el pozo asfixiante del recuerdo decidí llamarlo; te intenté asir en Aura y amar en Rayuela; te conocí adolescente en Kundera e ilustrada en la piel de Bradbury; campo mexicano en Rulfo y profunda ceguera en Saramago.

Lo nuestro era literario, un romance estético y poderoso que debía ser cronicado. Si te escondías, yo daba con tu esencia entre mis dedos cuando, pluma en mano, te buscaba en cartas y cuadernos. Recuerdo nuestro primer intento mecánico, cuando con la Olivetti de tecla durísima, te quise conquistar con historias de terror y poemas románticos; cuando te miré a los ojos y decidida tomé el camino de la palabra.

Entonces no me había dado cuenta del influjo de tu presencia en mis actos, te creía elección y no sino; sustantivo y no verbo continuo. Sabía que quería entenderte, saberte de otra forma, explorar tus encantos con ojos y labios, recorrerte completa y hacerte parte de mi cotidiano.

Por eso te dediqué cuatro años. Por eso decidí hacer todo a un lado y dejar que me hechizaras con el Polifemo; que me enseñaras a ser erótica con San Juan y me convencieras con las palabras de Diego de San Pedro. Dejé que me hundieras en el abismo de Beckett, que me mostraras el fracaso en Cervantes, que me hicieras llorar con Manrique, que me dieras dolor de espalda con Amalia y La Araucana, me enloquecieras con Aurelia y me hicieras creer inteligente con la teoría literaria.

Te permití enseñarme cómo es la vida y cómo es necesario sufrir para vivirla. Y tuve miedo de ti, de mí y de lo que haría. Inocente pensé que sin ti sobreviviría. Ilusa mocosa, te dejé en los fríos salones, en los pasillos olor de libros, en los escondites, los lugares. Pensé que sólo eso te pertenecía, unos años, unos cuentos tontos, un par de amores cruzados y por eso sufrí aún más al verte desaparecida y yo necesitada de tenerte entre mis brazos.

Te busqué en Murakami, te reencontré en Pessoa, dejé que me hicieras vibrar nuevamente con Auster y pensé comprenderte con Baricco. Te tomé entre mis dedos y te hice mía: te ejercité a diario y en mis diarios, te practiqué en mala poesía. Te falté al respeto, pero volví a confiarte, y te dejé guiarme en mi día a día.

Y después de cuadernos y cuadernos, de páginas, tapas, de miles de capítulos, me di cuenta de que es por ti que soy quien he sido. Que recae en ti mi forma y contenido, mi intensidad tragedia, mi amor griego, mi pena romántica.

No quiero reclamarte nada. No estoy arrepentida ni concibo la vida sin tu especial mirada, pero es que, Literatura, me has jugado una mala pasada. Te mostraste inofensiva y eres droga malsana. Me has hecho vivir de vértigos, buscar los picos, encerrarme en círculos viciosos llenos de masoquismo.

Por ti soy una insatisfecha crónica, que siempre necesita más para sentirse viva. Porque tú me enseñaste que el amor es palabra y el sexo página; tú me mostraste que es mejor sufrir que no sentir nada; tú, soberana maestra, me hiciste pensar que letra es terapia.

Por ti he perdido amistades (ninguna que valiera tanto), he terminado relaciones (o debiera decir, me han terminado) y he saltado de sitio en sitio buscando mi espacio. Porque no soy sin ti y no soy para los otros. Porque nadie entiende que eres tú la que desgarras, la que deshaces y haces a tu antojo, la que me enseñó el otro lado de mi ficción. Porque para otros tus obras son eso, obras, mientras para mí no son otra cosa que hecho absoluto, única verdad, irremediable conjuro.

Sí, temo que por ti me quedaré sola al final. Temo que por culpa de tus moralejas no pueda nunca encajar en un mundo que me considera por demás intensa. Temo que por los años que te he dedicado la vida nunca me sabrá por completo y temo también que ya sea demasiado tarde, pero lo es.

No concibo dejarte de lado. Creo que a estas alturas no puedo ayudarme a superarte sino es con tu ayuda, contigo a mi lado, porque sólo con literatura logro salir del abismo. Sólo contigo puedo dejar mis tristezas, aprovecharlas, entenderlas; sólo contigo disfruto la euforia, valoro el amor, añoro la gloria. Sólo contigo, a mi lado, sobrevivo al cotidiano, aunque en realidad sea por ti que sufro tanto.


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Para ustedes, colegas, que seguramente sufren también de esta relación intensa que nos ha hecho unos inadaptados deformes que piensan que sólo lo que es "literario" vale la pena... Jajajaja :)